
Se dio en Paraguay lo siguiente: la muñequita Barbie, nacida en Nueva York, maravillosa y sin defectos de repente perdió espacio para la mujer de nuestro tiempo; una potranca que derrocha simpatía y que insinúa sus senos asombrosamente esculpidos por el Creador. Larissa Riquelme, la exuberante modelo paraguaya, viene recogiendo popularidad.
Y esto se debe tal vez a algunas razones sociológicas y sensuales. Las
primeras por quererle mucho a su país, expresándolo francamente y por
identificarse con el pueblo humilde de los estadios de fútbol. Entre las
razones sensuales se pueden incluir al total seis tatuajes dispersos
por toda su envidiable anatomía: tobillo izquierdo, pantorrilla baja
derecha, nalga izquierda, dedo anular izquierdo, omóplato derecho y
coxis…
Larissa Riquelme ha impactado al mundo durante El Mundial de Fútbol
2010. Sobre esto hay dos aspectos a considerar: 1) Larissa no representa
a las top models actuales que para tener éxito necesitan de modelajes,
de pasarelas internacionales y de medidas precisas del cuerpo; Larissa,
al contrario, llama la atención como una hincha más dentro de un simple
estadio de fútbol y con medidas del cuerpo que están mucho más para la
exuberancia defendida por Dionisio, el dios del vino, que por las
medidas de las chicas cuidadosas del dios Apolo; 2) Larissa fue
catapultada al éxito por un proceso que Maquiavel llamaría (y esto ya
viene de la Edad Media) de una mezcla de virtú y fortuna: la primera
como virtudes sensitivas o sensoriales del cuerpo y la segunda como la
suerte o hado, que muy de vez en cuando pasa por la vida de los humanos.
Pero, más que todo, Larissa es un ejemplo para los paraguayos, hombres
y mujeres. Tener éxito requiere sobretodo estar preparado para
alcanzarlo. El pesimismo que siempre acompaña a la personas por el hecho
de no pertenecer a un país que no está en la ruta del glamur de Londres
o París, no significa una ausencia de sueños y de quimeras. Larissa no
solo estaba preparada para el éxito sino que tenía una sensibilidad y
una energía interna para asimilarla. Cuando le dijeron a Pablo Picasso
que era un hombre de suerte, este respondió: 'Sí, es cierto, tengo
suerte. Pero, todas las veces que la suerte ha pasado por Málaga me ha
encontrado trabajando en mi atelier”. Larissa Riquelme ha estado todas
las veces en el mismo Estadio con su celular entre los senos: es su
estilo, es la forma que el destino le mostró para hacerse conocer. Su
éxito y su superación no está en prometer un desnudo, sino en mostrar a
este mundo utilitario e individualista el valor de la naturalidad, la
confianza y la sencillez, virtudes que parece que muy pocos ya la
tienen...